• Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

La voz narrativa del historiador, como la del narrador literario, conoce la totalidad del relato y se topará con la necesidad de jugar con el tiempo para conseguir el efecto persuasivo que se ha propuesto. Por eso se ve precisado a utilizar procedimientos narrativos que quiebran la línea temporal lógica.

HistoriadorEn el proceso de narrar un relato en presente histórico, las necesidades de la narración lo fuerza a recurrir a la analepsis o a la referencia al pasado inmediato del presente histórico; y a la prolepsis o a la referencia al futuro inmediato del presente histórico aludido. La narración histórica es, en ese sentido, un viaje simbólico a través del tiempo.

Cuando se elabora una narración sobre la Insurrección o Revolución de Lares y San Sebastián, siempre será necesario hacer referencia a los antecedentes de la misma para facilitar la comprensión de ciertos problemas. La conjura de la “Sociedad Abolicionista Secreta” de 1857, o el “Motín de los Artilleros de San Juan” de 1867, son lugares comunes.  Pero también será necesario referirse a los consiguientes del acontecimiento. La “Abolición de la Esclavitud Negra” y la “Supresión de la Libreta de Jornaleros” de 1873, son ejemplo de ello. El narrador histórico reconoce que permanecer siempre en el presente histórico es una utopía.

También el narrador histórico se ve precisado a recurrir a la retrospección o a la referencia al pasado remoto para darle sentido a un acontecimiento. Hablar de Insurrección o Revolución de Lares y San Sebastián sin referirse al contexto del separatismo en general, resulta útil para el propósito de la comprensión de ciertos problemas históricos concretos.

Del mismo modo, con el fin de hacer comprensible un juicio o la prospección o a la referencia al futuro remoto, a fin de darle sentido a un argumento. Referirse al hecho de que las autoridades militares de Estados Unidos ocuparon los expedientes judiciales de  Insurrección o Revolución de Lares y San Sebastián al momento de la invasión siempre es de utilidad para comprender el fenómeno del coloniaje de un modo distinto.

Las narraciones históricas usan los recursos típicos de la narración literaria en especial la novela. La descripción de un templo, de una plaza, de una ciudad o de un escenario dado siempre implica una pausa en la relación de acontecimientos que componen un proceso. Los narradores históricos recurren en sus textos al sumario o a la síntesis comprensiva de información general que sirve para poner al día al receptor o al lector respecto a la trama histórica. Del mismo modo, en ocasiones se recurre a la elipsis o el silencio, en especial cuando se suprime  información sobre la base de la presunción de que son cuestiones obvias, dadas o sobreentendidas. El uso de estos recursos dependerá de la capacidad del narrador histórico y del receptor al cual dirija su discurso.

En ocasiones, la narración histórica se ralentiza o la narración se hace lenta o cesa por completo, con el propósito de introducir comentarios reflexivos, interpretativos o tesis de la voz narrativa sobre un punto polémico. Se trata de digresiones que hablan mucho del autor y que, acorde con su contenido, enriquecen o devalúan el discurso o la narración histórica.

Lectura y recepción histórica

La aproximación a los textos históricos es diversa. La lectura o recepción de los mismos depende de las necesidades del receptor. En ocasiones se trata solo de una lectura informativa. La finalidad de la misma es el acopio de datos. Los procesos de acopio de datos no son mecánicos ni independientes de interpretación. Los historiadores discriminan respecto a cuales datos recuperan cuáles no. Los lectores y receptores del discurso hacen el mismo ejercicio. Se trata de dos cedazos superpuestos en donde siempre entran en juego los prejuicios de una y otro.

Biblioteca_tardeEn otros casos se trata de una lectura interpretativa. La intención de la misma es el diseño o invención de un orden para la información que sugiera la realidad. En este caso, los procesos de adjudicación de un sentido a la información predominan. Los historiadores hacen un ejercicio de interpretación que luego será reinterpretado por los lectores y receptores del discurso. Se trata, otra vez, de dos cedazos superpuestos en donde siempre entran en juego los prejuicios de una y otro.

Los procesos de interpretación están determinados por una variedad de factores. La información que ve el historiador ya ha sido la interpretada por otro. La que ve el lector y el receptor es la interpretación de una interpretación. La formación del historiador, su habilidad para elaborar hipótesis y preguntas respecto a la información, los principios y  paradigmas en los que confía y que modelan su interpretación, es decir, sus pre-juicios y su habilidad literaria para producir un texto que diga lo que él desea que sea dicho, son elementos cruciales.

En fin, la historiografía siempre es un terreno movedizo e incierto. Quien busque seguridad y firmeza en la interpretación historiográfica se equivoca.

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