• Fray Bernardino de Sahagún (Sahagún, España, 1499 o 1500-?, México, 1590)

Los siguientes textos traducidos directamente del náhuatl, son el testimonio de los informantes indígenas de Sahagún, algunos incluso testigos oculares de la Conquista. El primer texto narra una serie de “presagios”, “maravillas” y “prodigios” que los antiguos mexicanos, Motecuhzoma-Moctezuma, afirmaron ver unos 10 años antes de la llegada de los castellanos.

Primer presagio funesto: Diez años antes de venir los hombres de Castilla primeramente se mostró un funesto presagio en el cielo. Una como espiga de fuego, una como llama de fuego, una como aurora; se mostraba como si estuviere goteando, como si estuviera punzando en el cielo.

Ancha de asiento, angosta de vértice. Bien al medio del cielo, bien al centro del ciclo llegaba, bien al cielo estaba alcanzando.

Y de este modo se veía: allá en el riente se mostraba: de este modo llegaba a la medianoche. Se manifestaba: estaba aún en el amanecer: hasta entonces la hacía desaparecer el sol.

Y en el tiempo en que estaba apareciendo: por un año venía a mostrarse. Comenzó en el año 12-Casa. (Año 1517 D.C.)

Pues cuando se mostraba había alboroto general: se daban palmadas en los labios las gentes; había un gran azoro; hacían interminables comentarios.

Segundo presagio funesto que sucedió aquí en México: por su propia cuenta se abrasó en llamas, se prendió en fuego: nadie tal vez puso fuego, sino por su espontánea acción ardió la casa de Huitzilipoctli. Le llamaba su sitio divino, el sitio denominado “Tlacatecan” [Casa del Mundo].

Se mostró: arden las columnas. De adentro salen acá las llamas de fuego, las lenguas, las llamaradas de fuego.

Rápidamente en extremo acabó el fuego todo el maderamen de la casa.  Al momento hubo vocerío estruendoso; dice: “¡Mexicanos, venid de prisa: se apagará! Traed vuestros cántaros!…”

Pero cuando le echaban agua, cuando intentaban apagarlo se enardecía flameando más. No pudo apagarse: del todo ardió.

Tercer presagio funesto: fue herido por un rayo un templo. Sólo de paja era: en donde se llama “Tzummulco”.(Una sala del templo mayor de Tenochtitlán) El templo de Xiuhtecuhtli. No llovía recio, sólo lloviznaba levemente. Así, se tuvo por presagio; decían de este modo: “No más fue golpe del Sol.” Tampoco se oyó el trueno.

Cuarto presagio funesto: cuando había aún sol, cayó un fuego. En tres partes dividido: salió de donde el sol se mete: iba derecho viendo a donde sale el sol; como si fuera brasa, iba cayendo en lluvia de chispas. Larga se tendió su cauda; lejos llegó su cola. Y cuando visto fue, hubo gran alboroto: como si estuvieran tocando cascabeles.

Quinto presagio funesto: hirvió el agua: el viento la hizo alborotarse hirviendo. Como si hirviera en furia, como si en pedazos se rompiera al revolverse. Fue su impulso muy lejos, se levantó muy alto. Llegó a los fundamentos de las casas; y derruidas las casas, se anegaron en agua. Eso fue en la laguna que está junto a nosotros.

Sexto presagio funesto: muchas veces se oía: una mujer lloraba; iba gritando por la noche; andaba dando grandes gritos.(“La Llorona”  o Cihuacóatl)

—¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!

Y a veces decía:

—Hijitos míos, ¿a dónde os llevaré?

Séptimo presagio funesto: muchas veces se atrapaba, se cogía algo en redes.  Los que trabajaban en el agua cogieron cierto pájaro ceniciento, como si fuera grulla. Luego lo llevaron a mostrar a Motecuhzoma, en la Casa de lo Negro [casa del estudio mágico].

Había llegado el sol a su apogeo: era el mediodía. Había uno como espejo en la mollera del pájaro, como rodaja de huso, en espiral y en rejuego: era como si estuviera perforado en su medianía.

Allí se veía el ciclo: las estrellas, el Mastelejo. Y Motecuhzoma lo tuvo a muy mal presagio, cuando vio las estrellas y el Mastelejo.

Pero cuando vio por segunda vez la mollera del pájaro, nuevamente vio allá, en lontananza; como si algunas personas vinieran de prisa; bien estiradas; dando empellones. Se hacían la guerra unos a otros, y los traían a cuestas unos como venados.

Al momento llamó a sus magos, a sus sabios. Les dijo:

— ¿No sabéis: qué es lo que he visto? ¡Unas como personas que están en pie y agitándose! …

Pero ellos, queriendo dar la respuesta, se pusieron a ver: despareció [todo]: nada vieron.

Octavo presagio funesto: muchas veces se mostraban a la gente hombres deformes, personas monstruosas. De dos cabezas pero un solo cuerpo. Las llevaban a la Casa de lo Negro; se los mostraban a Motechuhzoma.

Cuando las había visto, luego desaparecían.

Comentario:

Los paralelos entre los presagios que recoge Sahagún y cualquier otro texto profético son naturales. La profesías del Apocalipsis de Juan, son otro ejemplo de ello.

Los ocho presagios: “espiga de fuego”, el fuego en “la casa de Huitzilipoctli”, el rayo en el “templo de Xiuhtecuhtli”, el “fuego (…) en tres partes dividido”, el agua hirviente de la laguna, “La llorona” o Cihuacóatl, el augurio de la guerra en la mollera del pájaro, y los “personas monstruosas”, anuncian el Fin de la Historia.

El papel protagónico del fuego resulta crucial en el alegato. El rayo, el cometa y el meteorito parece ser los pretextos naturales de varios de estos presagios. Los hechos sobrenaturales, imposibles de explicar en la Casa de lo Negro como el agua hirviendo, y la violación de la normalidad en la figura de los mostruos, sugieren el fin de un estado de equilibrio y el comienzo del fin. El poema sugiere un ser humano a expensas de la naturaleza y sus fuerzas, pero con capacidad para interpretar las mismas y aceptar esa condición.

La plasticidad del lenguaje se combina con una percepción cíclica de la Historia y el Tiempo para construir una interesante alegoría de la muerte de una civilización.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor
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