• Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Para Gimbattista Vico, la Historia Ideal evoluciona en tres edades. El carácter trinitario de esta especulación está emparentado directamente con la tradición Providencialista medieval. Las edades se distinguen por el modo de conocer dominante en cada una. De ese modo la Edad Divina está dominada por el conocimiento teológico; la Edad Heroica por el conocimiento mitológico; y la Edad Humana o Clásica por el conocimiento racional. Las analogías con el análisis del Tiempo en Agustín y con la visión del saber en Joaquín no deben ser pasados por alto.

Cada una de las edades de la Historia Ideal posee unas características que permean el todo social y, en consecuencia, se repiten en las Historias Particulares y a lo largo de toda la Historia Concreta. La concepción de Vico es cíclica y pendular, sin que ello impida la apropiación de un cierto tipo de progresión. De ese modo podía alegar sin mayores problemas que, por su naturaleza, el Periodo Homérico helénico y la Edad Media cristiana, eran expresiones alternas de la misma Edad Heroica.

La concepción del devenir como progresión se cimentaba en el principio de que la Historia Concreta en verdad no se repite: solo se repiten las Edades. Pero cada Edad que re reitera siempre es distinta acorde con la especificidad del tiempo-espacio en que se agencia.  El principio de que la Historia Concreta deviene en forma de espiral se confirma con el aserto de que a cada final sucedía un re-nacimiento. La Teoría del Corsi y Ricorsi quedaba entonces completo. Como en el caso de Ibn Jaldun, el final abre paso a un nuevo progreso que conducía a la elevación de lo humano en la jerarquía histórica.

Vico aceptaba la existencia de leyes y regularidades en la Historia Concreta: las que sugerían su percepción de la Historia Ideal. Pero dejaba claro que aunque se podía predecir el movimiento de las Edades, ello no era posible cuando se trataba de la Historia Concreta. La Ciencia Nueva reconocía el carácter impredecible del ser humano en el tiempo y el espacio. La virtus de Maquiavelo seguía imponiendose a la Providencia, la Fortuna o las Historia Ideal. Lo más importante de esta propuesta es el reconocimiento de la autonomía relativa de lo humano ante las estructuras autoritarias que se inventan para explicar la historia.

Vico fue, además, un crítico del discurso de los historiadores de su tiempo. Censuraba la supervaloración de la Antigüedad,  la vanagloria de lo nacional y el causalismo mecánico que no era capaz de reconocer que no siempre C es consecuencia de B. También cuestionó el intelectualismo vacío de los doctos. Vico aconsejó a los historiadores que aprovecharan todo los que  la lingüística y  la filología aportaban al conocimiento del pasado. Con ello traducía las praxis de intelectuales como  Nicolás de Cusa y Lorenzo de Valla, pero a la vez anticipaba posturas que siglos más tarde sostuvieron filósofos como Federico Nietzsche. Defendió la observación cuidadosa de los mitos y las tradiciones como fuente de historia social, a la manera de Platón e insistió, con una mirada antropológica de avanzada, en la posibilidad de percibir las reminiscencias del pasado en el presente por medio de la observación de la vida de los salvajes. En Vico, sin duda, Providencialismo, Racionalismo y Ciencia, se integran de un modo original.