• Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

La idea de que la historia se ocupa de los hombres o los seres humanos es muy común. En el fondo tiene que ver con el concepto de que los seres humanos son los únicos animales capaces de estudiar o pensar su situación en el tiempo. También está relacionada con la presunción de que sus actos en el tiempo no se reducen al vivir biológico, sino que permite la creación de sistemas imaginarios que la explican y justifican de una diversidad de modos. A esos sistemas imaginarios se puede denominar cultura.

Por último, el carácter humano de la historia está relacionado con la presunción de que se trata de un proceso que, de una manera orgánica o estructurada, conduce a alguna parte, meta o finalidad superior. Esa meta o finalidad puede tener distintas naturaleza. A veces es sobrehumana: la salvación en el caso del providencialismo. Pero en otras la misma es en lo fundamental humana: la felicidad, el disfrute de la propiedad o la justicia distributiva, en el caso de la interpretación liberal o socialista.

El carácter humano de la historia apuntado por Bloc se cimenta en el principio de la racionalidad como característica exclusivamente humana, y el progreso hacia una meta como rasgo distintivo de su estar en el tiempo. La formulación de esos dos principios en un todo coherente es un fenómeno moderno -propio de la cultura occidental después del siglo 18- que ha sido aplicado al todo del la historia.

La historia y lo humano

Los problemas del nominativo hombre son numerosos. Aparte del carácter sexista que el concepto ha ganado después de la Revolución Sexual de los años 1960, sus limitaciones son numerosas. Como ya se ha dicho, hombre es una noción cultural asociado a lo que llamamos racionalidad: es un lugar común de la biología caracterizar al hombre como un animal racional.

Cuando Bloch usa el concepto, en efecto, lo hace en el sentido inclusivo que todavía poseía entonces: hombre se refiere a la humanidad. La definición sugiere la ahistoricidad o el carácter no histórico de todo aquello que no es humano como el ambiente, la naturaleza, o las cosas. En ese sentido no es posible escribir una historia en ausencia de lo humano.

Jorge_Luis_Borges_1963Se trata de la misma presunción que se hace con el imaginario novelístico. En una entrevista con George Charbonnier, Jorge Luis Borges sugirió que, en rigor, era posible la redacción de una novela que solo contuviera la descripción de una silla y una mesa., pero que nadie leería una historia así. En cierto modo, si alguien no se sienta en la silla y ejecuta un acto, no hay novela.  Así mismo se presume que, sin los actos humanos, no hay historia posible. Una historia natural relataría la evolución de la naturaleza pero no sería historia en el sentido estricto de la palabra. La historia es en consecuencia el fenómeno y el discurso humanístico por antonomasia.

Pero hay que tomar en cuenta que el ser humano no existe sino es en relación con lo no humano, es decir, el ambiente, la naturaleza, o las cosas. La interacción con ese supuesto opuesto es lo que lo humaniza. También hay que tomar en cuenta que, si lo humano es inseparable de la racionalidad tal y como la conocemos, entonces el hombre no siempre fue humano. La capacidad de razonar es también un proceso que tiene historia.

Por otro lado, hay que toma en cuenta que el ser humano no es solo racional. La irracionalidad y el instinto está activo en el comportamiento humano siempre ya sea en los elementales procesos reproductivos o en el activismo político y los medios masivos de comunicación. En lo que insisto es en que el ser humano no ha dejado de ser un animal: la racionalidad y la irracionalidad conviven con él en el espacio tiempo.

En consecuencia la necesidad de abrir la idea del hombre o los seres humanos se impone, en particular en el presente. También resulta imperativo abrir el concepto historia para que esos componentes que una definición cerrada.