• Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Paralelo a lo discutido sobre el tiempo histórico se encuentra la cuestión del espacio histórico. Se trata de un escenario complejo dado que la historia fenoménica, como se sabe, ocurre en el punto de convergencia de numerosos espacios concretos y simbólicos. La forma en que los testigos o actores, y los observadores e intérpretes sienten la historia, varía acorde con la posición de intérprete con relación a una diversidad de espacios físicos y simbólicos.

La historia, el espacio y la memoria

Por un lado, se encuentra el espacio físico o lugar del acto del pasado, el fenómeno o el acontecer. Ello implica una geografía física, una climatología y toda una diversidad de comportamientos específicos y actitudes culturales acorde con cada uno de esos espacios.

Pero por otro lado, también tiene que ver con el espacio social y cultural del acontecer. Los actores históricos son múltiples. Una diversidad de individuos, grupos, sectores y clases con percepciones sociales concretas y tan diversas como ellos, participan de un acontecer específico. Dado que las relaciones entre esa diversidad de seres son contradictorias, no todos los partícipes del acontecer viven, sienten e interpretan los mismos de la misma manera. Aquello que para algunos es esencial a los procesos vividos, para otros es marginal y carece de importancia; lo que para unos es aceptable y memorable, para otros resulta detestable e infame.

Tanto el espacio físico como el espacio social y cultural son consideraciones que se pueden definir y comprender de una manera más o menos precisa. Pero el espacio histórico también es el resultado de otros factores más elusivos. Se trata de los espacios emocionales e irracionales que median el acontecer y en la interpretación.

Munoz_Marin_entierroUn ejemplo concreto de ello puede ser la reacción que genera en unos y otros la muerte de una figura emblemática de un tiempo y de una ideología. En ese sentido, la reacción emocional a la muerte de Pedro Albizu Campos (1965), Luis Muñoz Marín (1980) y Filiberto Ojeda Ríos (2005) Pueden servir de modelo. Las tres sirvieron para instituir una categoría de héroe colectivo. Pero la percepción del heroísmo de uno y otro nunca será uniforme.

Los mismos criterios pueden aplicarse al historiador. Su relato y su discurso estarán mediados irremediablemente por el lugar físico, social y cultural desde el cual piensa o escribe la historia. Y dado que esos lugares se sienten y se imaginan a través de las emociones y pre-concepciones heredadas de su accionar el lugar específico que ocupa en el mundo, la idea de un historiador emocionalmente neutro no parece posible de sostener. No hay tal cosa como una experiencia objetiva de la memoria histórica. Toda ella resulta mediada por la condición humana del que historia el acontecer y adjudica sentido a los actos pasados ya sea desde la posición de testigo o la del intérprete.

Apuntes para una definición

Lo que queda es un conjunto de incertidumbres. Como fenómeno, la historia es un sistema relacional, un conjunto complejo de relaciones humanas que, una vez vividas, se van transformando por medio de la memoria en un relato coherente sobre ellas con el fin de hacerse de un pasado. La importancia del pasado radica en que mucho creen que sobre la base del mismo se puede comprender mejor el presente y enfrentar mejor el futuro. La idea de que la vida es una totalidad coherente es crucial para esa concepción también totalitaria de la humanidad en el tiempo y en el espacio.

Vista como un sistema relacional, no se concibe que un ser humano solo tenga historia: el solipsismo, la idea de que lo único cognoscible es el yo, es la negación de la historia. La historia es una manera de entender lo humano desde su condición de colectividad natural que se mueve en un espacio físico, crea un espacio social y cultural que siente a través del prisma de sus emociones. La historia es siempre un acto de interactividad.

Como discurso, la historia es un relato imaginario sobre la vida de los seres humanos en sociedad y en su relación con la naturaleza. Siempre resulta en un esfuerzo parcial e irreal sobre las cosas. Un discurso histórico es un relato que intenta dar sentido a las eventualidades de lo humano en su relación con el mundo natural y social a través del tiempo y el espacio. La propuesta de Marc Bloc ha cumplido su función de una manera cabal.