• Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Lo real y lo imaginario, la historia y la literatura, poseen numerosos puntos de convergencia que le interesan a la historiografía. En su sentido más estricto la historia es un relato o representación imaginaria de los acontecimientos de los seres humanos que son tratados como los personajes literarios y, como ellos, son objeto del conocimiento y la invención de los historiadores.

El relato se desarrolla dentro de unos determinados espacios físicos y sociales que cumplen la función de un escenario y que, como los escenarios de un drama, deben ser bien conocidos por el historiador a la hora de producir un relato legítimo o verosímil. El historiador, como el autor de una novela, está en la situación de determinar cuales son los personajes principales o protagonistas y los secundarios o los antagonistas.

Cancel_Historia_literaturaIncluso, los procesos de caracterización de los personajes históricos se elaboran mediante técnicas análogas al de caracterización del de una narración ficcional. El héroe, el mártir, el enemigo, la idea de nosotros, la de la nación, por solo mencionar algunos ejemplos, se diseña y afirma mediante el uso de metáforas y símbolos cuya eficacia solo se puede determinar cuando el discurso o el relato llegan a los oídos y la conciencia del receptor. Llamar “Vate” a Luis Muñoz Marín, “Apóstol” a Pedro Albizu Campos, “diáspora” a la migración puertorriqueña en Estados Unidos”, “Padre de las Letras Puertorriqueñas” a Alejandro Tapia y Rivera o “Padre de la Patria Irredenta” a Ramón Emeterio Betances, son fórmulas concretas y complejas que no se reducen a un significante simple. Lo valioso de estas metáforas es más lo que sugieren que lo que dicen.

El historiador y la narración

El papel del historiador en el proceso de narrar la historia es fácil de identificar. El historiador, como el autor, se encuentra en una posición privilegiada y de poder. Él es quien tiene la facultad para determinar cuales son los elementos fijos de su relato: es decir, los personajes, los espacios o lugares donde aquellos de mueven y la diversidad de dispositivos que serán puestos en escena. No solo eso, también tendrá el historiador la facultad de determinar cuales serán los elementos mutables o los acontecimientos que hilvanará con coherencia con el fin de producir un relato verosímil y legítimo.

Con esos elementos fijos y mutables, el historiador iniciará un proceso combinatorio pensado que permitirá la estructuración del relato o narración histórica. El historiador se constituye así en la voz organizadora de un cúmulo de dispositivos dispersos. Toda relación o narración histórica o literaria, presupone un receptor o narratario. Se trata de una respuesta tentativa a la pregunta teórica de para quién narro. El receptor o narratario influye en la elaboración del texto histórico desde el mismo momento de su emisión incluso antes de su presencia física ante lo narrado. En cierto modos, los historiadores y literatos lo reconocen de ese modo y, por lo regular,  hacen ajustes específico para cada público receptor.

En ese sentido, la escritura-lectura de la historia como si fuera literatura, y viceversa, se hace imprescindible. La pregunta es en donde radica la diferencia entre la una y la otra. Esa pregunta se responderá posteriormente.

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