• Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

La voz narrativa del historiador, como la del narrador literario, conoce la totalidad del relato y se topará con la necesidad de jugar con el tiempo para conseguir el efecto persuasivo que se ha propuesto. Por eso se ve precisado a utilizar procedimientos narrativos que quiebran la línea temporal lógica. El historiador nunca es un esclavo de la linealidad del tiempo.

HistoriadorEn el proceso de narrar un relato en presente histórico, las necesidades de la narración lo fuerza a recurrir a la analepsis o a la referencia al pasado inmediato del presente histórico; y a la prolepsis o a la referencia al futuro inmediato del presente histórico aludido. La narración histórica es, en ese sentido, un viaje simbólico a través del tiempo caracterizado por los múltiples saltos que se dan en el mismo.

Cuando se elabora una narración sobre la Insurrección o Revolución de Lares y San Sebastián, siempre será necesario hacer referencia a los antecedentes de la misma para facilitar la comprensión de ciertos problemas y características del proceso. La alusiones a la conjura de la “Sociedad Abolicionista Secreta” de 1857 con el fin de puntualizar un antecedente, o a el “Motín de los Artilleros de San Juan” de 1867 para llamar la atención sobre un momento de inflexión, son lugares comunes.  Pero también será necesario referirse a los consiguientes del acontecimiento. La “Abolición de la Esclavitud Negra” y la “Supresión de la Libreta de Jornaleros” de 1873 una vez se asumen compo consecuencia indirecta del 1868, son ejemplo de ello. El narrador histórico reconoce que permanecer siempre en el presente histórico durante el proceso de narración es una utopía.

También el narrador histórico se ve precisado a recurrir a la retrospección o a la referencia al pasado remoto para darle sentido a un acontecimiento. Hablar de Insurrección o Revolución de Lares y San Sebastián sin referirse al contexto del separatismo en general desde 1795 hasta la “Década Inquieta”, resulta útil para el propósito de la comprensión de ciertos problemas históricos concretos. Del mismo modo, con el fin de hacer comprensible un juicio o la prospección o a la referencia al futuro remoto, a fin de darle sentido a un argumento. Referirse al hecho de que las autoridades militares de Estados Unidos ocuparon los expedientes judiciales de  Insurrección o Revolución de Lares y San Sebastián al momento de la invasión siempre es de utilidad para comprender el fenómeno del coloniaje de un modo distinto. Apuntar que no los devolvieron hasta el 1964 sin una explicación legítima del hecho, también.

Las narraciones históricas usan los recursos típicos de la narración literaria en especial la novela. La descripción de un templo, de una plaza, de una ciudad o de un escenario dado, siempre implica una pausa en la relación de acontecimientos que componen un proceso. Los narradores históricos recurren en sus textos al sumario o a la síntesis comprensiva de información general que sirve para poner al día al receptor o al lector respecto a la trama histórica. Del mismo modo, en ocasiones se recurre a la elipsis o el silencio, en especial cuando se suprime  información sobre la base de la presunción de que son cuestiones obvias, dadas o sobreentendidas o bien que no merecen atención suya porque no guardan relación con lo narrado. El uso de estos recursos dependerá de la capacidad del narrador histórico y del receptor al cual dirija su discurso. Lo cierto es que cada narración histórica es un ejercicio complejo en donde memoria y olvido se conjugan. La mecánica de estos procesos antagónicos es una de las preocupaciones principales de los historiografos y los teóricos de la historia. En ocasiones, la narración histórica se ralentiza o la narración se hace lenta o cesa por completo, con el propósito de introducir comentarios reflexivos, interpretativos o tesis de la voz narrativa sobre un punto polémico. Se trata de digresiones que hablan mucho del autor y que, acorde con su contenido, enriquecen o devalúan el discurso o la narración histórica.

Lectura y recepción histórica

La aproximación a los textos históricos es diversa. La lectura o recepción de los mismos depende de las necesidades del receptor o narratario. En ocasiones se trata solo de una lectura informativa. La finalidad de la misma es el acopio de datos. Los procesos de acopio de datos no son mecánicos ni independientes de la interpretación. Los historiadores discriminan respecto a cuales datos recuperan cuáles no. Los receptores o narratarios del discurso hacen el mismo ejercicio. Se trata de dos cedazos superpuestos en donde siempre entran en juego los prejuicios de uno y otro extremo

Biblioteca_tardeEn otros casos se trata de una lectura interpretativa. La intención de la misma es el diseño o invención de un orden para la información que sugiera la realidad. En este caso, los procesos de adjudicación de un sentido a la información predominan. Los historiadores hacen un ejercicio de interpretación que luego será reinterpretado por los receptores o narratarios  del discurso. Se trata, otra vez, de dos cedazos superpuestos en donde siempre entran en juego los prejuicios de una y otro.

Los procesos de interpretación están determinados por una variedad de factores. La información que ve el historiador ya ha sido interpretada por otros. La que ve el receptor o narratario es la interpretación de una interpretación. La formación del historiador, su habilidad para elaborar hipótesis y preguntas respecto a la información, los principios y paradigmas en los que confía y que modelan su interpretación, es decir, sus pre-juicios y su habilidad literaria para producir un texto que diga lo que él desea que sea dicho, son elementos cruciales.En fin, la historiografía siempre es un terreno movedizo e incierto. Quien busque seguridad y firmeza en la interpretación historiográfica se equivoca.