• Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

En Cornelio Tácito (c. 55- c. 120 d. C.) el lector enfrenta un caso distinto. Cornelio Tácito fue Senador y Cónsul y, en consecuencia, un servidor del Estado Romano. No vio la transición definitiva al Imperio y aceptó las reglas del nuevo orden con algunas reservas. A pesar de su origen, consiguió insertarse en el seno de  la aristocracia militar mediante enlaces matrimoniales y acomodos bien pensados. El orden social imperial permitía entonces aquel juego de posibilidades. Una vez acomodado, interpretó las posturas de aquellas elites orgánicas a las que tanto debía. Fue autor de las Historias, los Anales y De Germania.

Cornelio_TacitoSu gran tema fue la decadencia de los valores que hicieron a Roma Republicana una cultura poderosa. La concepción del progreso hacia un fin preciado, dada la vacilación y la contingencia de los sistemas sociales, genera la idea de la decadencia como contrapunto de aquella. Visto desde una perspectiva filosófica, Cornelio Tácito retrató la latinidad Decadente, el proceso de disolución de un presunto Poder Universal. Esa percepción maduró en una forma de nostalgia romántica: ante el presente del cual desconfía, se justifica la evocación y el deseo de retorno a los orígenes, a los elementos que hicieron a la República admirable.

Cuando el pressente se asume como una crisis,  genera visiones utópicas del pasado. Esa fue la actitud que en 1930, se consolidó en Puerto Rico en el hispanofilismo de la Generación del 1930 y en la promoción nacionalista radical. Pero esto no debe tomarse con una ley de la historia. Las posibilidades de que la conciencia de la crisis promueva visiones utópicas del futuro, también está presente. El Medioevo, el momento de Humanismo y la Modernidad están llenos de ejemplo de ello como veremos en otra ocasión. Lo importante es reconocer que, en momento de fuertes crisis axiológicas, el presente filtra el imaginario del pasado a la luz de ciertas esperanzas de futuro en que estas tres temporalidades se superponen.

La nostalgia romántica del pasado siempre se resuelve como el rechazo de un presente que se odia porque el mismo se apropia como la conciencia de un tiempo perdido. El romántico busca ese tiempo extraviado con la intención de, una vez depurado, reinsertarlo en el presente. Cuando se toma conciencia de lo que se perdió, la noción de la decadencia estará completa. Lo más interesante de esta actitud es que, muy adentro de la misma, anida la idea del retorno a un pasado que fue mejor. El historiador se encuentra comprometido con un proyecto utópico pasatista que le sugiere las pistas para enfrentar los nuevos tiempos por medio de un proyecto utópico futurista.

Los argumentos de Cornelio Tácito son bien conocidos.  Roma fue grande por la capacidad militar natural de los hombres de los orígenes: el culto a pureza del origen impoluto está claro. El orden participativo de la República fue un buen crisol para aquellos valores honorables y de fuerza. En el orden autoritario del Imperio todopoderoso y civilizado, aquellos valores se anquilosaron y se perdieron. La idea de que la civilización, el poder, la comodidad y la riqueza, eliminan los retos a los hombres y podan su voluntad de poder es común en la literatura mítica e histórica desde la Épica de Gilgamesh, hasta las síntesis de Oswald Spengler y Arnold Toynbee.

Esa vida muelle y refinada, representa un freno al dinamismo cívico y las cualidades viriles, asociadas a la lógica del esfuerzo y, mediante ello,  a la fuerza misma. Alejarse del origen tosco es debilitarse y acercarse al fin. Las teorías de la decadencia vieron en las cúspides de poder, simples meandros que anunciaban la muerte. Cornelio Tácito echó las bases de una teoría romántica de la decadencia que despreciaba al hombre civilizado en nombre del buen salvaje y el hombre natural. En ese retorno veía una esperanza de recuperación, a la vez que sugería que la historia de los imperios era cíclica, como todo buen clásico

Por último, el modelo de virilidad y fuerza que haya este historiador se concentraba en el otro, en el bárbaro, en los habitantes no latinos de la frontera. El rechazo a la latinidad parece evidente en esta escritura. Cornelio Tácito encontró en los germanos un modelo de capacidad militar natural. Aquellas comunidades de emigrantes y guerreros marginales, despreciados por la cultura del Imperio, representaban lo que había sido el latino, la gente del Lacio, antes de antes de civilizarse y perderse. El culto a la fuerza del germano bruto y vigoroso, comienza con este escritor que también es casualmente, una de las fuentes de arianismo racista del siglo 20. En ello consistía su proyecto utópico futurista: en la semilla de Europa. Cornelio Tácito ejecuta la mirada de su pasado, en función de los valores de su presente. La historia se formula para explicar su pasado sino para explicar su presente. ¿Para qué más sirve aparte de eso?

 

Una síntesis

En los modelos comentados, se confirma la postura de Robin Collingwood de que la historiografía latina pierde todas las pretensiones racionalistas que le había impuesto Tucídides a la disciplina, y entra en el terreno del discurso moral y ético. Pero a la vez conserva su profundo carácter pragmático porque sigue teniendo una utilidad ligada al civismo y el ejercicio del poder. La mayeútica ha dado paso al método a un tipo de discurso autoritario que respeta las fuentes escritas y discrimina respecto a la fiabilidad aquellas que tenga accesibles. En ese sentido, el historiador encuentra fuentes válidas y fuentes que no lo son. Una vez concebida la historia antigua, la antigüedad de la fuente es un criterio de legitimidad. La razón es que se encuentra más cercana a los orígenes, pero no siempre es una es garantía de veracidad. El discurso autoritario promueve la cita de otros autores para confirmar los argumentos del historiador.