• Mario R. Cancel
  • Catedrático Asociado de Historia

La invasión de 1898, inauguró el siglo 20 puertorriqueño y americano. La relación de la expansión ultramarina americana con el debilitamiento de la hegemonía europea es bien conocida. La imágenes del 1898 entre la intelectualidad puertorriqueña, sin embargo, variaron de modo notable durante el siglo 20.

La épica de la guerra en el escenario local, nunca sorprendió a nadie. En cierto modo, la guerra se peleó en Manila, Cavite, Santiago y La Habana. En San Juan, por el contrario, el cañoneo americano solo se dejó sentir en el Morro, el San Cristóbal, el Cuartel de Ballajá y la Iglesia de San José. La historiografía estadounidense, llegó a denominar el 1898 como la “Little Splendid War”, reduciéndola a una sacudida eléctrica poco memorable. Esa situación explica la metáfora del “1898 como picnic” de la legisladora Norma Burgos que provocó un tumulto en la UPR en 1997.

We_the_peopleLas tradiciones interpretativas del 1930 y el 1950, convinieron en la idea manida del 1898 como un trauma o como una ruptura histórica en el tránsito hegeliano de la nación hacia la libertad. Toda la historiografía nacionalista así lo afirmó. La discontinuidad producida por la guerra se consideraba un problema. El establishment anexionista no vaciló en ver la invasión como una superación de la España aristocrática, y una garantía de que el país se encaminaría hacia la modernidad. Los sociólogos del populismo, celosos del desarrollismo y la estadística, dulcificaron el 1898 como la entrada en escena de un hermano mayor porque no querían animar el contencioso cultural entre los americanos y los puertorriqueños.

Desde la década del 1970 a esta parte, la percepción de los procesos que condujeron al 1898, ha cambiado mucho. La nueva historiografía social, que estaba a la vanguardia entonces, revisó la invasión desde el lenguaje de la lucha de clases, recalcó el papel de las clases subalternas –artesanos y obreros-; y reconoció en el 1898 la clave para explicar el fin de la hegemonía de una clase, la señorial y hacendada, y la intrusión de núcleos de capitalistas y capital ausentistas en la formación de una economía dependiente que siempre fue muy impopular y marcadamente injusta.

Durante la década del 1990 tres tendencias se afirmaron en la mirada del 1898: una concepción geopolítica y macroscópica que profundizó en el papel del valor geoestratégico de Puerto Rico para Estados Unidos y su Marina de Guerra durante el siglo. La otra fue una mirada cultural y microscópica que, con un lenguaje antropológico, se fijó en el impacto de la invasión en los pueblos y las comunidades que vivieron aquel proceso. La literatura ficcional sobre el 1898 fue esencial para la consolidación de aquel proceso revisionista, en particular dos textos narrativos publicados en los primeros años de la década del 1980: La llegada de José Luis González y Seva de Luis López Nieves. La tercera fue la relectura de la invasión a la luz de la historiografía de las representaciones y cultural, mediante la confrontación de algunos textos de la época deconstruidos con los instrumentos del análisis del discurso.

Un elemento común a la mayor parte de aquellos juicios ha sido que el 1898 siempre ha sido visto como un paso, legítimo o ilegítimo, hacia la modernización. El nuevo orden colonial de 1900 y sus metamorfosis hasta el presente, se han convertido en parte integral de la investigación de aquel acontecimiento. ¿Por qué publicar otro volumen sobre el 1898? We the people: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926, es una aportación a la discusión por diversas razones.

En primer lugar, los textos han sido elaborados desde una diversidad de posiciones que inventan lenguajes originales para enfrentar un viejo problema. Aníbal J. Aponte, un especialista en teoría y desarrollo político; Michael González Cruz, especialista en el nacionalismo y la violencia política; Camille L. Krawiec, antropóloga cultural que se ocupa de la retórica ambiental y del impacto de los medios de comunicación en la era global; y José Eduardo Martínez, especialista en ecología política, articulan una propuesta renovadora sobre un problema intelectual inagotable.

En segundo lugar, la preocupación por la representación o la invención del otro sobre la base de la revisión de una serie de textos casi desconocidos, le da un tono nuevo. Lo que ocupa a los autores de este volumen es la representación, no la cosa y ello sin que la representación esté divorciada de la materialidad que la llena en parte. Me parece que re-visitar desde la postmodernidad un acontecimiento que ha sido considerado como el “fundador de un proyecto de modernidad” en Puerto Rico, siempre es valioso.

En tercer lugar, este libro demuestra que no todo ha sido dicho sobre el 1898. We the people es una manera de volver sobre una serie de fuentes primarias que fueron invisibilizadas durante mucho tiempo. El hecho de que las mismas no hubiesen sido reimpresas hasta el siglo 21, es relevante. El emborronamiento de aquellos textos  fue  usual a todas las estrategias interpretativas comentadas anteriormente.

Lo que plantea We the people: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926 es la posibilidad de una nueva lógica interpretativa en donde la historiografía cultural y de las representaciones, la ciencia política, la antropología y las teoría de las comunicaciones han sido convocadas. La palabra ahora corresponde a los lectores.

Comentario en la presentación del libro en la Sala Álvarez-Nazario del RUM. Si desea obtener una copia del libro comuníquese con Mario R. Cancel mariocancel@gmail.com o con José Anazagasty janazagasty@msn.com