• Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

Los pensadores Ilustrados aceptaban el principio de que la Historia estaba estructurada, igual que los Providencialistas Cristianos. Lo que reevaluaban era la naturaleza del artefacto que le ofrecía estructura. La diferencia radicaba en que los Providencialistas la encontraban en Dios y los Ilustrados en la Razón. El hecho de que la teología medieval tomista identificara uno y otro principio organizador,  fue de suma utilidad en el proceso de integración de ambos. La premisa de que la Historia estaba estructurada era necesaria para legitimar la posibilidad de una comprensión verdadera de la misma, actitud dominante en la Modernidad.

Historia: Razón y Ley

De la Ilustración la Modernidad heredó el principio de que la Historia es un proceso racional y legislado, es decir sujeto a leyes naturales que son independientes de la acción humana. Se trata de dos premisas  interdependientes que, unidas a la idea de que el ser humano es también racional producen una imagen coherente y confiable del mundo: la racionalidad de la condición humana, hace posible la afirmación de que las leyes naturales sean cognoscibles.

La aceptación de la capacidad humana para diagnosticar las leyes naturales, cambió la relación del ser humano con el mundo de una manera dramática. Nicolás de  Condorcet (1743-1794), sugirió incluso la posibilidad de  “prever los progresos de la especie humana, de dirigirlos y de acelerarlos”. El conocimiento verdadero podía ser interpretado como un rito de paso que facultaba el tránsito hacia la praxis y el poder: la prevención o pre-conocimiento del progreso permitía usarlo en beneficio de la humanidad.   De ese modo, hacer la revolución y acelerar  el cambio histórico, se convirtieron en una facultad humana accesible. La virtus, la pasión o la voluntad de  poder que llenaron de contenido los pensadores helenos y los humanistas, había llegado a la frontera del individualismo moderno armado del optimismo más natural. El ser humano, iluminado por la Razón, poseiá un papel activo nunca antes visto en la historia.

La noción ley, como se sabe, proviene del Derecho teórico. Su contenido semántico en el contexto de la Ilustración ha sido filtrado a través de la Ciencia Física. El artefacto teórico denominado ley, cumpliría la función que tenía la Providencia o permisividad de Dios en las explicaciones medievales, o la Rueda de la Fortuna en las de ciertos humanistas del Renacimiento. De ese modo, la emancipación del ser humano anunciada por Nicolás Maquiavelo en El Príncipe, se confirmó. Un mundo social y una Historia sujetas a leyes, adquiriría una nueva complejidad. En el plano social el modelo más completo de ello es el Barón de Montesquieu (1689-1755), quien en  El espíritu de las leyes (1748) suponía que cada ley dependía de “otra más general” y derivaba de ese argumento un sistema multicausal de interrelaciones. Se trata de una explicación orgánica y jerárquica de la realidad histórica y social. Su concepción condujo a la presunción de que existía una suerte de Ley Esencial, última y/o primera, equiparable metafóricamente lo mismo a la Diosa Naturaleza que a Dios.

Historia: Evolución y Progreso

De la Ilustración la Modernidad heredó el principio de que la Historia es evolución. El principio evolucionista resultó de una reformulación del transformismo dominante en la geología de su tiempo. Charles R. Darwin (1809-1882) en su clásico El origen de las especies (1859), llevó el concepto evolución a su extremo más peligroso para el orden tradicional. Sus tesis destruyeron la idea de la posibilidad de  una naturaleza estable y permanente, producto acabado y perfecto de la palabra de Yaveh, según lo relata el poema del Génesis. Después de la imposición de la lógica del  transformismo y el evolucionismo, la naturaleza y las especies que la ocupaban, incluyendo al ser humano quien perdía la calidad de opera prima de Dios, resultaron ser meros objetos en construcción o cambio constante. La idea de que la evolución de la naturaleza no era invisible sino  determinable y objetivable,  quedó  clara con la experiencia investigativa de de Darwin en Isla Galápagos.

Los conceptos evolución y progreso terminaron equiparándose como antes Dios y  Razón. La evolución es evolutio o cambio de forma; el progreso es progressus o ir hacia adelante. La idea de que en la historia todo cambia constantemente de forma, y que la misma conduce hacia algún lugar o meta, se generalizó. Las bases del historicismo y los fundamentos de la filosofía especulativa de la historia moderna, estaban firmes.

Historia y Meta

De la Ilustración la Modernidad también  heredó el principio de que la Historia tiene una meta o un fin secular . El Providencialismo conjeturaba lo mismo pero desde una perspectiva sobrehumana por lo que el fin o meta eran sagrados. La meta ya no era la salvación sino la libertad, una manera profana de apropiar la promesa cristiana de evadirnos del escenario del pecado o la Civitas Terrena. La tradición judía, la paleocristiana y la medieval, adjudicó un fin suprahistórico a la Historia: un retorno o la vuelta al Paraíso, a la Jerusalén Celeste o la Reconciliación con el Padre, procesos que siempre implicaban una evasión de las pequeñeces y las vulgaridades del tempus. La Ilustración lo que hizo fue culminar el proceso de secularización del concepto del Fin de la Historia que había iniciado el Providencialismo, el milenarismo joaquinista y los comunismos evangélicos medievales.

La meta de la Libertad fue re-codificada por la revolución política y económica del siglo 18. El lenguaje la manifestó  con diversos adjetivos o valores tales como la felicidad, la igualdad, el acceso a la propiedad y el bienestar. El  disfrute de la propiedad se puede considerar el ideal burgués por excelencia en el contexto de una época -la Ilustración también fue el lugar de la Revolución Industrial- en que el mercado libre se convertía en el ideal de producción material en el occidente de Europa. La  igualdad sería el medio que garantizaría el acceso equitativo a los otros bienes simbólicos de la Modernidad. El lema y la praxis de la Revolución Francesa de 1789 -Libertad, Igualdad, Fraternidad- sintetizó de manera brillante el nuevo imaginario occidental a la manera de un “misticismo racional”. La fe en la salvación y la fe en la libertad eran igualmente subjetivas.

Las grandes corrientes interpretativas del siglo 19 derivan de aquellos paradigmas. El socialismo francés, el socialismo alemán o socialdemocracia, el anarquismo, la democracia radical, el mutrualismo, el filantropismo, el cooperativismo, el nacionalismo, el positivismo e, incluso la  Historiografía Científica, tienen una deuda con el pensamiento Ilustrado.