• Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

El socialismo ortodoxo y el posibilista fueron sólo dos reacciones políticas bien organizadas durante el Periodo del Imperialismo al final de la Gran Depresión de la última parte del siglo 19 europeo. Otra opción para los radicales que no se sentían cómodos dentro de las tendencias socialistas fue el movimiento anarquista. Si se observa, otra vez el modelo francés,  resulta forzoso referirse a la figura magisterial de  Pierre Joseph Proudhon (1809-1865), teórico que también se encontraba entre los modelos del organizador socialista Paul Lafargue (1842-1911).

El anarquismo difería del socialismo en términos de la relación de la militancia y la lucha política con el mito de la Razón. En el anarquismo la irracionalidad y el espontaneísmo, es decir, las acciones que se ejecutaban de una manera impulsiva como producto del instinto, tenían la misma legitimidad que aquellas que los socialistas científicos  tomaban como resultado de una reflexión  racional bien elaborada. El anarquismo celebraba el instinto tanto como el socialismo celebraba la ciencia.

Pierre-Joseph Proudhon

Además, como se sabe, Proudhon rechazaba el instrumento o la estructura de los partidos políticos, principio tan venerado por todos los socialismos de tradición austro-germana y rusa. El filósofo anarquista argüía que cualquier partido político tendería a generar una ortodoxia autoritaria que  una vez pretendiera imponer sus criterios a la militancia,  podaría la posibilidad de alcanzar la verdad. Proudhon estaba muy preocupado por la cuestión de la libertad de discusión, hecho que lo convertía en un adversario de cualquier organización  política rígida. Los choques entre los socialistas y los anarquistas se explican  en ese contexto.

La confianza en el cambio radicaba en que el teórico sostenía que el capitalismo estaba en crisis y caminaba hacia la decadencia, argumento intelectual que luego prosperó entre la intelectualidad europea en el periodo de cambio del siglo 19 al 20. Proudhon, aunque no vivió la Gran Depresión ni el periodo del Imperialismo,  parecía reconocer que el capitalismo liberal clásico estaba llegando a sus límites en la frontera de la primera y la segunda revolución industrial. La crisis del capitalismo, su incapacidad de sobrevivir, se explicaba por la relación entre el Estado y el Mercado. La presunta racionalidad del primero no era capaz de ordenar la irracionalidad del segundo. La ausencia de la “Mano Invisible” de Dios o la Razón en el Mercado, es una opinión común en Proudhon y Marx. El Mercado no se reparaba naturalmente como un organismo ataca la infección por medio de la acción de sus anticuerpos. La crisis, si se ahondaba, conduciría a su desmoronamiento. Para aquel teórico, en términos generales, los caminos que quedaban se reducían a, por un lado, limitar de los poderes del Estado hasta destruirlo, y vencer la competencia burguesa en nombre de un hipotético retorno a un Estado natural pre-competitivo y pre-organizado o natural. El anarquismo plantea la recreación de la metáfora del Estado Naturaleza de la teoría política clásico pero sin que ello signifique un “retorno” limpio al pasado.

El Movimiento Anarquista Francés de fines del siglo 19, partió de aquellas premisas generales. Su esfera de interés se centro en las clases obrera, los sindicatos. Sobre aquellas bases generales, desarrolló una praxis política agresiva denominada “acción revolucionaria directa”. La propuesta fue producto de  Toussaint Bordat (1854- ¿?)  y tuvo en Fracois Ravachol (1857-1892) su mejor modelo. En la década del 1890 la “propaganda por la acción” se impuso.

Lo que aquel concepto significaba era la ejecución de atentados explosivos contra signo de poder del capitalismo, la ejecución de magnicidios, regicidios y asesinatos políticos de todo tipo, siempre buscando llamar la atención de la prensa internacional que se ocupaba muy bien de aquellos acontecimientos y los difundía dentro de las redes de la novedosa prensa corporativa. En ocasiones los ataques daban la impresión de que detrás de ello también había cierto instito suicida: los perpetradores era fáciles de arrestar y procesar. Sin embargo, los escenarios los convertían en figuras de culto entre un sector de la masas populares y cierto intelectuales que por aquel entonces comenzaban a elaborar una curiosa propuesta rebelde que rescata la esteticidad de la violencia y la muerte. Dentro de la Vanguardias de principios del siglo 20, la actitud llama la atención de los observadores. Las acciones anarquistas eran interpretadas como una crítica concreta a la hipocresía del capitalismo y al carácter demagógico de la democracia burguesa.

El punto culminante de la ola violenta fue el asesinato de Marie François Sadi Carnot (1837-1894) en 1894 por Geronimo Caserio , pero los comentaristas insisten en que luego del mismo, el activismo decayó. La situación informa al lector sobre Puerto Rico en muchos sentidos. El asesinato del ministro español Antonio Cánovas del Castillo (1829-1897)  por Michele Angiolillo anarquista italiano y la presumible conexión Betances en el asunto, es un lugar común de discusión entre especialistas. Los cambios que gatilló la situación son bien conocidos. Del mismo modo la ejecución del Presidente Republicano que ordenó la invasión de 1898, William  McKinley  (1843-1901) por Leon Czolgosz hijo de inmigrantes polacos, conmocionó a Puerto Rico en aquella fecha según se percibe en la prensa de la época. Muchas de las tácticas utilizadas por el Partido Nacionalista de Puerto Rico entre 1932 y 1936, el periodo más álgido de violencia política en el país, son cónsonas con la praxis anarquista a pesar de que la organización no tenía ninguna relación ideológica con aquella propuesta.

Los efectos del anarquismo a fines del siglo 19 fueron enormes. Estimularon la violencia política individual y legitimaron que los sindicatos y uniones legalmente organizadas retaran la autoridad patronal por medios agresivos y hasta violentos. El sabotaje es una forma de  “propaganda por la acción” que todavía hoy es visible en proceso de conflicto obrero patronales. El socialismo ortodoxo y el posibilista y el anarquismo, fueron las muestras más visibles de la desconfianza en el capitalismo que dominó a un sector de los obreros y la intelectualidad en la Era del Imperialismo y la Gran Depresión.