• Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y Escritor

Dejo tres fragmentos de Polibio de Megalópolis (200-118 AC) que aclaran su mirada al problema de la causalidad en la historia, y aclaran su concepción de la Historia Universal, concepto al cual se le asocia constantemente Las fragilidades de ambas concepciones resultan notables para el estudioso del presente. Sin embargo, en el contexto del tiempo en que fueron redactadas, representaron una revolución cultural.

Polibio

Fragmento 1: “La Causalidad en la Historia” en Polibio de Megalópolis. Historia Universal bajo la Republica Romana. Libro XI, capítulo 19a

¿Qué provecho saca el lector al esforzarse a través de guerras, batallas, sitios de ciudades y esclavizamientos de pueblos, si no es penetrar en el conocimiento de las causas que hicieron que una parte lograra el éxito y la otra fracasara en sus respectivas situaciones? Los resultados de los acontecimientos son sólo entretenimiento para el lector, mientras que la búsqueda en las disposiciones previas de las causas es provechosa para el estudiante serio. El análisis de un hecho dado, en todos los detalles de su mecanismo, es la mejor educación para los lectores con paciencia suficiente para seguir el proceso.

 Comentario:

El autor acepta que el estudio de la historiografía tiene una función doble: entretener o informar y educar o formar. Informarse tan solo de lo que sucedió-los acontecimientos- es suficiente para lo primero. Descubrir qué está detrás de los acontecimientos -las causas-, ayuda a lo segundo. Uno u otro resultado dependen, en última instancia, del receptor. Polibio ve la historiografía como una disciplina intelectualmente legítima y respetable.

 

Fragmento 2: “Causas últimas y aproximadas” en Polibio de Megalopolis, Historia Universal bajo la Republica Romana. Libro XXII, capítulo 18.

El comienzo de desastres irremediables que derribaron la casa real de Macedonia puede ser planteado desde este período. Desde luego que soy consciente de que varios historiadores de la guerra entre Roma y Perseo, en sus esfuerzos por explicar las causas de la lucha, han citado, primero, la expulsión de Habrupolis de su propio principado en venganza por su correría sobre el distrito minero de Pangeo, después de la muerte de Filipo (cuando Perseo vino a prestar socorro, derrotó totalmente al príncipe antes mencionado, y lo expulsó de sus propios dominios). Después de esto, ellos citan la invasión de Dolopia por Perseo y su visita a Belfos, y del mismo modo el complot tramado en Belfos contra el rey Eumenes de Pérgamo y el asesinato del embajador beocio — sucesos de los cuales, según algunos escritores, surgió la guerra entre Perseo y Roma. En mi opinión, nada es tan esencial ya sea para los escritores o para los estudiosos de la historia como comprender las causas que subrayan la génesis y el desarrollo de cualquier serie determinada de hechos; pero el problema ha sido confundido en los escritos de muchos historiadores a través de su falla por captar la diferencia entre la ocasión y la causa, y además entre el comienzo y la ocasión de una guerra. En el caso presente, me encontré tan claramente impulsado por el principal sujeto tratado que me veo obligado a volver a discutir esta cuestión.

De los sucesos mencionados con anterioridad, los primeros son acontecimientos ocasionales, mientras que el grupo posterior (incluyendo el complot contra el rey Eumenes, el asesinato del embajador y otros hechos simultáneos de un carácter similar) constituye con toda seguridad el comienzo de la guerra entre Roma y Perseo y la caída del Imperio Macedonio. Literalmente ninguno de esos sucesos, sin embargo, es en verdad una causa, como procederé de inmediato a demostrar. He sostenido previamente que era Filipo, hijo de Amintas, quien concibió y propuso llevar a cabo el proyecto de la guerra contra Persia, mientras que Alejandro era un agente que negoció el asunto en cumplimiento de las decisiones previas de su padre. En la misma forma, precisamente, mantengo ahora que era Filipo, hijo de Demetrio, quien originalmente concibió el proyecto de emprender la guerra final contra Roma, y que había preparado todos los armamentos necesarios para tal fin, mientras que Perseo era un agente que negociaba la cuestión cuando su padre le había abierto el camino para él. Si esto es correcto, lo que sostengo es evidente por sí mismo, pues las causas de la guerra no pueden ser posteriores en fecha a la muerte de los individuos que la decidieron y planearon. Sin embargo, esto es lo que surge del relato presentado por otros historiadores, pues todos los sucesos citados en sus obras sobre este tema son posteriores a la muerte de Filipo.

 Comentario:

En el proceso de explicar la caída de la casa de Macedonia ante Roma, Polibio distingue la naturaleza de las causas del acontecer histórico en “últimas” o primarias, y “aproximadas”, “ocasionales” o secundarias. La relevancia de las causas “últimas” en la configuración del proceso histórico es crucial para su juicio.. La revisión crítica de las autoridades previas resulta palmaria. El papel protagonismo de las figuras públicas proceras -Habrupolis, Filipo y Alejandro de Macedonia, Perseo, Eumenes-, también. La médula de su explicación radica en aclarar el conflicto internacional que crea las condiciones de la guerra. Las conjuras que preceden el evento, expresión de la voluntad de poder de unos cuantos, recuerdan el argumento de Tucídides en torno al papel de las pasiones humanas en el desenvolvimiento histórico.

 

Fragmento 3: “Unidad o universalidad de la Historia” en Polibio de Megalópolis, Historia Universal bajo la Republica Romana. Libro VIII, capítulo 2.

Me enorgullezco de que el verdadero registro de los hechos ha confirmado ahora la verdad del principio que he destacado repetidamente en el comienzo de mi obra – el principio de que es imposible obtener de las monografías de los especialistas de historia un desarrollo de la morfología de la Historia Universal. Al leer una narración desnuda y aislada de los acontecimientos en Sicilia y España, es de todo punto de vista imposible comprender e interpretar la magnitud o la unidad de los hechos en cuestión, por los cuales yo pongo de manifiesto los métodos y medios de los que se ha valido la Fortuna para cumplir lo que ha sido el logro más extraordinario de nuestra generación. Este es nada menos que la reducción de todo el mundo conocido al dominio de un solo imperio -un fenómeno del cual no hay un ejemplo previo en la historia registrada. Un conocimiento limitado del proceso por el cual Roma capturó a Siracusa y conquistó España, puede ser, sin duda, obtenido de las monografías de los especialistas; pero sin el estudio de la Historia Universal resulta difícil comprender cómo ella consiguió la supremacía universal, cuáles fueron los hechos locales y particulares que impidieron la ejecución de proyectos generales, y además cuáles los sucesos y oportunidades que contribuyeron a su éxito. Por las mismas razones, no resulta fácil captar la magnitud de los esfuerzos de Roma o la potencia de sus instituciones. Que Roma compitiera por la posesión de España y también de Sicilia, y que ella realizara campañas en ambas regiones, no aparecería claro si se considerara cada suceso aisladamente. Sólo cuando consideramos el hecho de que tanto el gobierno como la comunidad estaban logrando resultados en varias esferas simultáneamente al conducir esas operaciones, y cuando incluimos en el mismo estudio las crisis internas y luchas que preocuparon a aquellos que eran responsables por todas las actividades en el extranjero mencionadas, entonces el carácter particular de los hechos surge claramente y logra llamar la atención que merece. Esta es mi réplica a los que imaginan que el trabajo de los especialistas los iniciará en la Historia General y Universal.

Comentario:

Polibio insiste en que no se puede obtener de las versiones de los “especialistas” una impresión de la “morfología de la Historia Universal”: el todo no equivale a la suma de sus partes. El “logro más extraordinario de nuestra generación”, a saber, “la reducción de todo el mundo conocido al dominio de un solo imperio”, es decir Roma, solo es posible mediante el estudio de la Historia Universal y la explicación de cómo tykhé o Fortuna facilitó ese proceso. Polibio, un griego, no puede ocultar su admiración por Roma y su despreció intelectual por las historias particulares. El conflicto entre lo universal y lo local, o la mirada macro y la mirada micro, está perfectamente planteado en este fragmento.